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Colón fuerte enciende alertas: ¿riesgo macro o nueva fase estructural?

El tipo de cambio en Costa Rica se ubica en niveles que no se observaban desde hace casi dos décadas, reactivando un debate estratégico sobre la salud del modelo productivo. La apreciación sostenida del colón frente al dólar, impulsada por un flujo robusto de divisas, ha abierto la discusión sobre si el país enfrenta síntomas de la llamada enfermedad holandesa o si atraviesa una transformación estructural derivada de su apertura económica.


Desde el 11 de diciembre del 2025, el dólar se mantiene por debajo de los ¢500 y el 27 de febrero cerró en ¢470,19 en el Mercado de Monedas Extranjeras, el nivel más bajo desde el inicio de la serie histórica del Banco Central de Costa Rica en 2007. Este comportamiento refleja una oferta de divisas que supera la demanda, presionando el precio a la baja.


El dinamismo de las zonas francas, la inversión extranjera directa, el turismo y el financiamiento externo continúan apuntalando el ingreso de dólares. Según explicó Pablo González, de Grupo Financiero Mercado de Valores, se genera una dinámica acumulativa: al ingresar más divisas para cubrir obligaciones en colones, el tipo de cambio baja y en el siguiente periodo se requieren más dólares para obtener la misma cantidad en moneda local, reforzando la presión apreciatoria.

El concepto de enfermedad holandesa se originó en Países Bajos tras el descubrimiento de gas natural en el mar del Norte en los años cincuenta. El influjo extraordinario de divisas provocó una fuerte apreciación de su moneda y una contracción de las exportaciones industriales como proporción del PIB. Desde entonces, el término se aplica a economías donde un auge de recursos o capital externo fortalece la moneda y erosiona la competitividad de otros sectores.


En el caso costarricense, economistas como Dennis Meléndez consideran que podrían observarse etapas iniciales del fenómeno, en la medida en que sectores exportadores tradicionales enfrentan márgenes cada vez más estrechos al recibir ingresos en dólares y asumir costos mayoritariamente en colones. Si esa brecha se profundiza, el riesgo operativo incluye cierres empresariales, caída del empleo y contracción del ingreso disponible.

Rodrigo Cubero, expresidente del Banco Central de Costa Rica, señala que existe una dinámica similar, dado que un sector exportador altamente concentrado genera una entrada significativa de divisas que presiona el tipo de cambio y afecta la competitividad de otras actividades orientadas al mercado externo o que compiten con importaciones.

Las alertas ya se sienten en sectores específicos. La Cámara de Productores y Exportadores de Melón y Sandía advirtió que el nivel del dólar los coloca al borde del cierre de operaciones hacia mercados como Estados Unidos y la Unión Europea, debido a la pérdida de competitividad.

Sin embargo, otras voces matizan el diagnóstico. Daniel Ortiz, director de Consejeros Económicos y Financieros, considera que no se trata de enfermedad holandesa en sentido clásico, sino de una economía cada vez más dual: un segmento vinculado al comercio exterior con alto valor agregado que crece con dinamismo y una economía doméstica con menor tracción.


En esa línea, Roxana Morales, del Observatorio Económico y Social de la Universidad Nacional, subraya que el auge exportador no responde a un recurso natural extractivo, sino a sectores de alto valor agregado como servicios empresariales y dispositivos médicos. Entre 2019 y 2025, este último segmento incrementó su participación en las exportaciones del 32% al 48%, evidenciando una creciente concentración sectorial.

Para Fernando Naranjo, exministro de Hacienda, el comportamiento cambiario responde más a decisiones de política económica y al manejo del endeudamiento público que a un cuadro de enfermedad holandesa. José Luis Arce, de FCS Capital, agrega que el proceso actual es resultado de la apertura comercial iniciada en los noventa y de la consolidación macroeconómica, más que de un shock repentino.


En síntesis, el país enfrenta un punto de inflexión. El colón fuerte ha contribuido a contener la inflación y fortalecer ciertos indicadores macro, pero simultáneamente tensiona la competitividad de sectores tradicionales. El desafío estratégico para la política pública será gestionar este equilibrio sin comprometer empleo, diversificación productiva y sostenibilidad del crecimiento.

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