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EL COSTO INTERNACIONAL DEL CIRCO POLÍTICO COSTARRICENSE

La reciente controversia en torno al proceso de levantamiento de inmunidad contra el presidente Rodrigo Chaves no solo ha polarizado el escenario político interno, sino que también ha proyectado hacia el exterior una Costa Rica atrapada en un conflicto institucional que parece perder el rumbo de la mesura y la claridad democrática.

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La intervención del congresista estadounidense Mario Díaz-Balart, replicando argumentos que cuestionan la legitimidad del proceso, pone en evidencia cómo el conflicto interno ha escalado hasta volverse tema de interés y debate internacional. No se trata de defender ni de condenar al presidente, sino de reconocer que la escena proyectada es la de un país donde sus propias instituciones parecen competir entre sí.

Costa Rica ha construido durante décadas una reputación basada en estabilidad, respeto al Estado de derecho y procesos electorales confiables. Sin embargo, cuando las diferencias dejan de gestionarse con sobriedad y se transforman en discursos cruzados, conferencias cargadas de tensión y señales contradictorias, el mensaje que se envía al exterior es otro: uno de fragilidad, desorden y politización del sistema.  

Cuando el árbitro entra al juego, ya no solo se disputa un partido político. Se pone en riesgo la credibilidad de todo el sistema. Y esa es una factura que Costa Rica podría tardar más en pagar de lo que muchos creen.

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