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El pulso por el control verdiblanco entra en fase decisiva

Cuatro elecciones presidenciales consecutivas sin triunfo configuran un escenario complejo, aunque no terminal. El 1.º de febrero perdió en todas las provincias salvo Cartago y cedió dos curules legislativas. Aun así, con 17 diputados se consolida como la principal fuerza de oposición, un activo estratégico nada menor en la arquitectura del próximo Congreso.



La pregunta crítica es a quién responderá esa bancada y la estructura que la respalda. El liderazgo de Álvaro Ramos comienza a perfilarse como eje ordenador. En la Convención Nacional Liberacionista del 6 de abril de 2025 obtuvo cerca del 78% del respaldo interno, capitalizando una narrativa de renovación frente a las corrientes históricas. Aunque no ganó la Presidencia, logró la mayor votación para un candidato verdiblanco en las últimas cuatro elecciones, superando la barrera de los 800.000 votos que no se alcanzaba desde el triunfo de Laura Chinchilla en 2010.


Ramos ha manifestado que evalúa competir por la presidencia del partido y ya participó en la articulación para designar a Álvaro Ramírez como jefe de fracción. Sin embargo, el terreno no está despejado. Su campaña tensionó a sectores vinculados con figuras como Johnny Araya, Óscar Arias, José María Figueres y Antonio Álvarez Desanti, a quienes excluyó de su estrategia, marcando una ruptura simbólica con prácticas tradicionales.


Para la politóloga Kattia Benavides, el partido atraviesa un punto de inflexión. Las tendencias como el figuerismo, el arismo y el arayismo pierden tracción discursiva, mientras emerge un liderazgo que reposiciona al PLN en clave socialdemócrata. En debate presidencial por Teletica, Ramos reivindicó esa identidad ideológica como columna vertebral de su propuesta.

No obstante, el consenso interno dista de ser homogéneo. El politólogo Daniel Calvo advierte que la selección de candidaturas legislativas con limitada experiencia podría comprometer la cohesión. A su juicio, Ramos posee solvencia técnica, pero enfrenta el desafío de consolidar herramientas políticas para conducir una estructura compleja.


El comportamiento de la fracción será determinante, especialmente ante la estrategia del presidente Rodrigo Chaves, quien ha señalado públicamente su intención de reclutar diputados no obstruccionistas para acercarse a la mayoría absoluta de 38 votos. El PLN aparece como terreno potencial de negociación.

En el plano territorial, el partido enfrenta un desafío estructural. En 2014, con Johnny Araya como candidato, dominó zonas rurales y costeras. Doce años después, esos territorios fueron ampliamente capturados por el Partido Pueblo Soberano. El presidente del PLN, Ricardo Sancho, reconoció que el mensaje no ha permeado en esos sectores y anunció una estrategia de reorganización de cara a un congreso partidario.

La prueba de estrés será municipal. En 2024 obtuvo 29 alcaldías, aunque cuatro jerarcas locales migraron posteriormente al PPSO. El desempeño en 2028 permitirá medir si la estructura territorial mantiene tracción o si la erosión continúa.


Desde la Secretaría General, encabezada por Miguel Guillén, se defiende el modelo de conducción colegiada a través del Comité Ejecutivo, el Directorio Político Nacional y la Asamblea Nacional. La tesis oficial sostiene que la coexistencia entre liderazgos históricos como los de Arias y Figueres y el emergente de Ramos constituye una reserva estratégica y no una fractura.

Sin embargo, episodios como la sanción a delegados en San Ramón por resistirse a procesos de renovación interna evidencian fricciones operativas que podrían replicarse en otros cantones como Puerto Jiménez. La llamada convivencia intergeneracional enfrenta su propia curva de aprendizaje.

Consultado, Arias se limitó a señalar que apoyará iniciativas beneficiosas para el país y discrepará de las que considere inconvenientes, reafirmando una lógica de independencia legislativa. Ramos, por su parte, no emitió respuesta al cierre de edición.


El PLN transita una etapa donde la gobernanza interna, la disciplina legislativa y la reconexión territorial definirán si la renovación es un cambio cosmético o un rediseño estructural. La ventana estratégica está abierta, pero la ejecución marcará la diferencia.

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