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Brillando en el Caribe



La historia de Jocselyn Mora no inicia en una gran galería ni en un estudio sofisticado. Comienza, más bien, en un pequeño quiosco de fotografías, preguntando precios y buscando oportunidades. Ahí, entre impresiones y conversaciones casuales, dio el primer paso hacia un reconocimiento internacional que hoy pone su nombre en el mapa.

Jocselyn Mora (Cortesia)
Jocselyn Mora (Cortesia)


“Recibí un correo donde me decían que había quedado entre tres fotógrafas seleccionadas”, recuerda. Pero antes de eso, hubo curiosidad, insistencia y una decisión clara: mostrar una visión distinta. “Desde que envié mis fotografías recalqué que no quería que se vieran como las de cualquier turista”.

Su llegada al certamen también estuvo marcada por la conexión humana. Fue otra fotógrafa quien, al conocer su trabajo, la invitó a participar. Ese gesto terminó abriendo una puerta que cambiaría su trayectoria. Más allá de la postal turística


El mayor reto no fue técnico, sino cultural. Adaptarse a una isla donde convergen múltiples nacionalidades implicó también encontrar formas de comunicación más allá del idioma. “Mi inglés es estilo cavernícola”, dice entre risas. “Hablo en presente, luego en pasado… pero al final hay formas de entenderse”. Esa experiencia marcó su proceso creativo. En lugar de capturar playas perfectas o paisajes idílicos, decidió enfocarse en lo cotidiano. En lo invisible para el turista. “Quise contar cómo se vive realmente. Trabajar bajando cocos, vendiendo vestidos, pelando pescado en un restaurante. Mostrar esas pequeñas cosas que hacen feliz a la gente”. Su fotografía ganadora responde precisamente a esa intención: romper con la estética superficial para revelar la esencia humana de la isla. Una mezcla de culturas que transforma Durante su estancia, algo la impactó profundamente: la diversidad cultural concentrada en un solo lugar. “En Costa Rica vemos ticos, colombianos, nicaragüenses… pero allá encontré árabes, alemanes, americanos, asiáticos. Todo en un espacio pequeño. Eso me marcó”. Esa convivencia despertó en ella una nueva ambición: explorar el mundo a través de sus culturas, no como espectadora, sino como narradora visual.



El segundo lugar en el concurso llegó con sorpresa y emoción. “Al inicio no lo creía. Luego pensé: soy capaz”, cuenta.
El segundo lugar en el concurso llegó con sorpresa y emoción. “Al inicio no lo creía. Luego pensé: soy capaz”, cuenta.

El momento del reconocimiento Para Jocselyn, el logro tiene un valor más profundo que el premio en sí. Representa una validación a su forma de ver el mundo. “Uno viene de una ‘finca’, como decimos, y de pronto te dicen que tus imágenes transmitieron lo que buscaban”.

Más que el dinero o la exposición mediática, destaca el reconocimiento al trabajo. “Que alguien diga ‘me gusta tu forma de trabajar’ vale muchísimo”. Visibilidad y futuro Aunque sus fotografías serán exhibidas en Europa, específicamente en Holanda, Mora mantiene los pies en la tierra, pero con la mirada en grande.


“No quiero ser ¨Buchona¨ como decimos en Costa Rica, pero admito que quiero estar en cosas grandes. Que mi nombre suene más y que mi trabajo sea más visible”.



Actualmente comparte su trabajo en redes sociales como Jocsy.fotos, donde construye una galería enfocada en capturar momentos reales y memorias de vida. La técnica detrás de la emoción

En cuanto al equipo, hay una herramienta clave en su proceso: el lente 16-35 mm. “Me enamoré de ese lente porque no distorsiona la imagen. Con ese gané mis premios”, afirma.



El verdadero trasfondo de la imagen ganadora


El elemento clave no es solo que ganó un premio, sino qué fue lo que fotografió y por qué importa. La imagen destacada es un teléfono icónico de la isla con la frase: “FREE CALL TO GOD, MAKE A WISH, GOD IS LISTENING”



 La fotografía ganadora encierra un significado profundo para los habitantes de Sint Maarten, quienes lo reconocen como parte de su identidad cultural.
 La fotografía ganadora encierra un significado profundo para los habitantes de Sint Maarten, quienes lo reconocen como parte de su identidad cultural.

Un objeto que tiene un valor simbólico dentro de la isla de Sint Maarten porque: Es un punto reconocible para los habitantes Representa una especie de conexión espiritual (hacer un deseo, hablar con Dios) Forma parte de la identidad cultural local Es decir: la foto funciona como símbolo, no como objeto. Lejos de la postal turística, Mora apostó por capturar símbolos cotidianos que conectan con la esencia del lugar.


La historia de Jocselyn Mora es la prueba de que la autenticidad puede abrir caminos inesperados. En un mundo saturado de imágenes, su apuesta por lo real, lo cotidiano y lo humano logra destacar. Porque, al final, más que capturar paisajes, su lente captura historias. Y en cada historia, deja una invitación: mirar más allá de lo evidente. Daniel A. Johnson Director La Tercera™ -



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