Colombia Presente
- Por Agencia Terc.™

- hace 3 días
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En las ultima semanas, una serie de reportajes publicados por La Tercera ™ han puesto sobre la mesa una problemática que, aunque puntual, resuena con fuerza en la percepción pública: denuncias contra una agencia de viajes vinculada al nombre de Colombia, acusada de presuntas estafas, falsificación de boletos aéreos y documentos sanitarios.
Los hechos descritos son graves. Más de 200 personas afectadas, según los reportes, habrían enfrentado pérdidas económicas, engaños reiterados y promesas incumplidas. A ello se suma la supuesta falsificación de certificados de vacunación contra la fiebre amarilla, lo que no solo representa un delito, sino también un riesgo sanitario considerable.
Sin embargo, este tipo de situaciones abre una discusión más amplia: ¿hasta qué punto un caso particular puede moldear la percepción de un país entero? ¿Y cómo se equilibra esa narrativa cuando, en paralelo, existen historias que reflejan lo contrario?
Colombia en contexto: más allá de los titulares
Colombia es un país de contrastes. Con una historia marcada por conflictos internos, desigualdad social y desafíos institucionales, también es una nación que en las últimas décadas ha avanzado en múltiples frentes: cultura, turismo, emprendimiento y proyección internacional.
Hoy, millones de colombianos viven fuera de su país, formando parte activa de economías locales en distintas regiones del mundo. En países como Costa Rica, su presencia ha ido en aumento, especialmente en sectores como servicios, gastronomía, turismo y oficios independientes.
No obstante, como ocurre con cualquier comunidad migrante, también enfrentan el peso de los estereotipos. Casos negativos, como el denunciado en los reportajes, tienden a amplificarse y a generalizarse, generando una narrativa que puede ser injusta para quienes actúan con honestidad.
Porque la realidad es más compleja: Colombia no es una sola historia, sino miles.

La otra cara: historias que construyen
En contraste con los hechos denunciados, existen relatos que rara vez ocupan titulares, pero que sostienen el tejido social en silencio. Uno de ellos es el de José Rentería, un barbero colombiano que decidió apostar por Costa Rica como su nuevo hogar.
Originario del Pacífico colombiano una región conocida por su riqueza cultural, pero también por sus desafíos económicos, Rentería llegó al país con una meta clara: trabajar, emprender y salir adelante.
Sin grandes capitales ni estructuras empresariales, su herramienta principal ha sido su oficio. La barbería, más que un negocio, se ha convertido en su carta de presentación ante la comunidad. Pero lo que realmente lo distingue no es solo la calidad de su trabajo, sino su trato humano.
Clientes que regresan no solo por un corte de cabello, sino por la conversación, el respeto y la cercanía. Esa capacidad de conectar, de generar confianza, es lo que ha permitido que su nombre circule de boca en boca, creciendo de manera orgánica.
En un contexto donde la desconfianza puede instalarse fácilmente, figuras como Rentería representan un contrapeso silencioso pero poderoso.
Migración y oportunidades: el caso costarricense
Costa Rica ha sido históricamente un país receptor de migración. Su estabilidad política, su sistema democrático y sus oportunidades económicas han atraído a personas de distintas nacionalidades.
En ese escenario, el aporte de quienes llegan con intención de trabajar y construir es evidente. Desde pequeños emprendimientos hasta participación en sectores clave, los migrantes forman parte activa del desarrollo local.
Pero la integración no es automática. Depende tanto de las oportunidades que brinda el país como de la actitud de quienes llegan.
Historias como la de José Rentería evidencian que el éxito no siempre se mide en grandes cifras, sino en la capacidad de generar impacto positivo en lo cotidiano: un cliente satisfecho, un negocio que crece, una reputación construida con esfuerzo.
Entre el juicio y la oportunidad
Los reportajes de La Tercera ™ cumplen una función esencial: visibilizar irregularidades, denunciar posibles delitos y dar voz a quienes se consideran afectados. Ese rol es fundamental en cualquier sociedad democrática.
Pero también es necesario evitar caer en generalizaciones. Un caso, por grave que sea, no define a una nacionalidad ni a una comunidad entera.
Colombia, como cualquier país, tiene luces y sombras. Y fuera de sus fronteras, esas luces muchas veces se manifiestan en personas que, como Rentería, construyen día a día una imagen distinta: la del trabajo honesto, la resiliencia y el aporte positivo.
Una puerta abierta
Costa Rica, en su diversidad, ha demostrado ser un país donde las segundas oportunidades son posibles. Donde quien llega con intención de hacer las cosas bien puede encontrar un espacio para crecer.
La historia de José Rentería no es excepcional en el sentido extraordinario, sino en lo profundamente humano: representa a miles de personas que migran no para aprovecharse, sino para aportar.
Y quizá ahí está la clave del equilibrio narrativo.
Porque mientras algunos titulares hablan de denuncias, otros menos visibles hablan de esfuerzo, dignidad y comunidad.
Colombia no es solo lo que se investiga en tribunales o se expone en reportajes. También es lo que construyen sus ciudadanos en silencio, lejos de su tierra, pero cerca de sus valores.
Y en esa construcción, Costa Rica no solo es escenario, sino también hogar.
Daniel A. Johnson Director La Tercera™ -
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