Con mayoría oficialista asegurada, la oposición afina un plan para no quedar fuera del juego legislativo
- Por Redacción La Tercera™

- hace 1 día
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A partir del 1.º de mayo, la nueva Asamblea Legislativa arrancará con un tablero claramente inclinado a favor del oficialismo. Pueblo Soberano llegará con 31 votos, suficientes para aprobar o bloquear casi cualquier decisión ordinaria, mientras que las restantes cuatro fuerzas opositoras sumarán 26 escaños. Ese desequilibrio ha activado, desde ya, una estrategia defensiva y de contención política por parte del PLN, el Frente Amplio, el PUSC y la Coalición Agenda Ciudadana.

En los pasillos de Cuesta de Moras, el escenario que más inquieta a la oposición es el de una “aplanadora legislativa” que neutralice su capacidad de incidencia. Frente a ese riesgo, los futuros jefes de fracción coinciden en que el margen de acción no pasa solo por el pulso numérico, sino por coordinación política, preparación técnica y uso estratégico del Reglamento.
El primer hito donde el oficialismo marcará territorio será la elección del Directorio legislativo. Con mayoría absoluta, Pueblo Soberano podrá definir en solitario los seis cargos, rompiendo con la tradición de directorios multipartidistas que ha predominado en los últimos 16 años. Ese precedente refuerza la lectura de la oposición sobre la necesidad de actuar como bloque en los temas de fondo.
Uno de los focos de mayor sensibilidad será la eventual discusión de reformas constitucionales, como cambios a las garantías individuales o la reelección presidencial consecutiva. En ese punto, tanto oficialismo como oposición reconocen que cualquier modificación estructural requiere mayorías calificadas y, por ende, acuerdos amplios. Ahí es donde las fracciones minoritarias ven una ventana de influencia real.
Desde Liberación Nacional, el énfasis estará puesto en el diálogo y la negociación. Su vocero designado, Álvaro Ramírez, plantea una estrategia de construcción de soluciones conjuntas y de apertura a todos los espacios de conversación, bajo la premisa de que ningún partido puede gobernar ignorando la diversidad política del país. Para el PLN, la clave está en traducir los compromisos sociales asumidos en acuerdos legislativos que obliguen al oficialismo a sentarse a la mesa.
El Frente Amplio, por su parte, apuesta a una oposición técnicamente robusta. José María Villalta sostiene que el verdadero contrapeso no se limita al uso de mociones o recursos reglamentarios, sino a un trabajo sistemático de estudio, análisis y preparación de los proyectos en comisiones y en plenario. Cuando el consenso sea viable, buscarán construirlo; cuando no, ejercerán una oposición firme y articulada, respaldada en cohesión interna y manejo del procedimiento parlamentario.
En las fracciones unipersonales, la lógica es similar, aunque con mayor presión operativa. Tanto Claudia Dobles, por la Coalición Agenda Ciudadana, como Abril Gordienko, del PUSC, coinciden en la necesidad de una agenda común de oposición que priorice resultados concretos para la ciudadanía. Ambas advierten que, aunque Pueblo Soberano tenga mayoría simple, no cuenta con los votos necesarios para impulsar todas las reformas que ha planteado, lo que abre espacio para bloquear iniciativas que consideren contrarias al orden democrático o al interés nacional mediante las herramientas del Reglamento.
El mensaje transversal es claro: los 31 votos del oficialismo no son un cheque en blanco. La oposición asume que jugará en desventaja, pero confía en que la coordinación política, el manejo técnico del proceso legislativo y la presión pública pueden equilibrar, al menos en parte, la balanza de poder dentro del Congreso.




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