Cuando el clima engaña al termómetro, las claves detrás del frío que realmente se siente
- Por Elías Morales

- hace 1 día
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Aunque los registros oficiales indiquen una temperatura estable, la experiencia diaria puede ser muy distinta. En jornadas marcadas por vientos fuertes y mañanas frías, el cuerpo humano suele percibir un descenso térmico mayor al reportado, una brecha que tiene fundamentos científicos y meteorológicos claros.
La llamada sensación térmica corresponde a la temperatura que efectivamente percibe el organismo, resultado de cómo interactúan diversas variables ambientales con la piel. No se trata de un error en los pronósticos, sino de un indicador complementario que explica por qué el frío puede sentirse más agresivo en determinadas condiciones.
Especialistas del Instituto Meteorológico Nacional señalan que este fenómeno se activa cuando factores como el viento, la humedad o la radiación solar alteran el balance térmico del cuerpo. El viento, en particular, juega un rol crítico al acelerar la pérdida de calor corporal, generando lo que técnicamente se conoce como enfriamiento eólico.
Este proceso ocurre cuando las ráfagas desplazan la capa de aire cálido que naturalmente rodea la piel, forzando al organismo a perder calor con mayor rapidez. En meteorología, este efecto es ampliamente conocido como wind chill y resulta especialmente relevante en zonas abiertas o de mayor altitud.
La humedad, en cambio, impacta con mayor fuerza en escenarios de calor. Cuando el aire está saturado, el sudor no se evapora de manera eficiente, reduciendo la capacidad natural del cuerpo para regular su temperatura y generando una sensación de bochorno, incluso sin registros extremos.
La radiación solar directa también entra en la ecuación. La exposición al Sol puede elevar la percepción térmica del cuerpo, aun cuando la temperatura ambiental se mantenga dentro de rangos moderados.
Según el IMN, el actual patrón de vientos intensos explica que muchas personas perciban un frío más severo, sin que ello implique una caída real en la temperatura del aire. En términos prácticos, el entorno no cambia, pero la forma en que el cuerpo interactúa con él sí.





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