El impulso salarial pierde tracción en Costa Rica y marca un quiebre en 2025
- Por Redacción La Tercera™

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Tras un 2024 excepcionalmente dinámico, el mercado laboral costarricense entró en una fase de normalización acelerada. Los datos más recientes del Banco Central de Costa Rica confirman que el crecimiento de los salarios reales se desaceleró con fuerza a lo largo de 2025, hasta quedar prácticamente estancado al cierre del trimestre móvil terminado en noviembre.
Según el Informe de Política Monetaria, los ingresos reales crecieron apenas 0,8% interanual, una caída significativa frente al 6,1% observado en el mismo periodo del año anterior. El punto de inflexión se dio a partir de mediados del año, cuando el ritmo de expansión comenzó a perder consistencia tras haber superado el 6,7% en mayo.

El diagnóstico técnico apunta a un enfriamiento del empleo efectivo y a un menor dinamismo del ingreso laboral agregado, en un contexto de baja demanda interna, mayor incertidumbre externa y salida persistente de personas del mercado laboral. A este escenario se suma una inflación inusualmente baja, que si bien protege el poder adquisitivo, reduce los incentivos y el margen operativo para ajustes salariales nominales por parte de los empleadores.
Desde el análisis macroeconómico, el fenómeno no es exclusivo de Costa Rica. La desaceleración responde también a un efecto base, luego de un año previo con crecimientos reales difíciles de replicar, lo que ajusta las expectativas del mercado y modera las decisiones de compensación.
El freno no ha sido uniforme. Los trabajadores de calificación media aún registran avances reales, aunque a menor velocidad, mientras que los segmentos de calificación alta y baja ya muestran contracciones interanuales. En el primer caso, la apreciación del colón frente al dólar ha erosionado ingresos medidos en moneda local, especialmente en sectores como tecnología, servicios empresariales y zonas francas, donde los esquemas salariales suelen estar dolarizados o indexados al tipo de cambio.
En el extremo opuesto, los trabajadores de menor calificación enfrentan un mercado con escaso margen de ajuste. Muchos dependen del salario mínimo o se desempeñan en la informalidad, en actividades con bajo crecimiento y limitada capacidad para trasladar costos, como comercio, agricultura y ciertos segmentos de la construcción.
La desaceleración también es evidente al analizar los sectores institucionales. Aunque tanto el sector privado como el público redujeron su ritmo de crecimiento salarial, el ajuste fue más severo en este último. Mientras en el sector privado los ingresos reales crecieron 1,3% interanual, en el público el avance fue de apenas 0,4%, muy por debajo de las tasas observadas un año atrás.
En el caso del sector público, el factor estructural es claro. Las restricciones fiscales derivadas de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y la Ley Marco de Empleo Público han limitado los incrementos nominales, generando una erosión progresiva del poder adquisitivo y consolidando un escenario de contención salarial de mediano plazo.
El balance es contundente. El ciclo de expansión salarial quedó atrás y el mercado laboral entra en una etapa de ajuste fino, donde la evolución del empleo, el tipo de cambio y la demanda interna serán determinantes para definir si el crecimiento real de los ingresos logra recuperar tracción o se mantiene en mínimos históricos.




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