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Febrero de 2026 marca un inédito desfile de seis planetas y una agenda clave para observar el cielo desde Costa Rica

El cierre del verano astronómico pondrá al cielo como protagonista durante febrero de 2026. A lo largo del mes, una combinación de alineaciones planetarias, fases lunares estratégicas y actividades guiadas convertirá las tardes y noches en una ventana privilegiada para observar el sistema solar desde Costa Rica, con un punto alto concentrado en los últimos días.

El fenómeno central será el llamado desfile de planetas, una alineación visible al atardecer que reunirá hasta seis cuerpos siguiendo la eclíptica. A esto se suman encuentros cercanos entre la Luna y varios planetas brillantes, además de instancias organizadas que buscan capitalizar las buenas condiciones de observación en zonas de baja contaminación lumínica.



El ciclo arranca el 10 de febrero con el retorno de Mercurio al cielo vespertino. Tras la puesta del Sol, el planeta más cercano al astro rey comenzará a distinguirse muy bajo en el horizonte oeste, visible solo por algunos minutos. Su progresiva ganancia de altura marcará el inicio de una secuencia que desembocará en la alineación múltiple de fin de mes.

El 17 de febrero se producirá la Luna nueva a las 06:01 a. m., hora local. Esta fase coincide con hitos relevantes de carácter cultural y religioso regidos por calendarios lunares, como el inicio del Año Nuevo Chino, que dará paso al Año del Caballo, y el comienzo del Ramadán. Ese mismo día ocurrirá un eclipse anular de Sol, aunque su visibilidad estará restringida exclusivamente a la Antártida.


En la recta siguiente, la Luna asumirá un rol clave como referencia visual. El 18 de febrero, un delgado creciente permitirá ubicar a Mercurio y Venus poco después del ocaso, formando un trío breve pero llamativo en la constelación de Acuario. Esa jornada, además, Mercurio alcanzará su mayor altura en el cielo vespertino, mientras Venus consolidará su presencia como lucero del atardecer. Al día siguiente, el 19, la Luna se aproximará a Saturno a unos cuatro grados de distancia en la constelación de Piscis, facilitando su identificación antes de que el planeta se pierda cada vez más temprano en el horizonte.

Entre el 21 y el 23 de febrero, la observación pasará del ámbito individual a la experiencia guiada. El Cientec organizará la gira Estrellas y Aves en el Parque Nacional Palo Verde, un humedal Ramsar que ofrece condiciones óptimas para mirar el cielo gracias a su amplitud, horizontes despejados y escasa contaminación lumínica. Durante estas noches se explorarán constelaciones, planetas, cúmulos y nebulosas con apoyo de binoculares, telescopios y aplicaciones móviles.


El 26 de febrero será el turno de Júpiter, cuando la Luna se acerque a unos cuatro grados del planeta en la constelación de Géminis. Júpiter destacará como uno de los objetos más brillantes del cielo nocturno y, con telescopio, será posible distinguir tanto sus bandas de tormentas como las cuatro lunas galileanas, Io, Europa, Ganímedes y Calisto.

El clímax llegará el 27 y 28 de febrero con la alineación de seis planetas. En paralelo, el 27 se realizará una Star Party organizada por el Cientec y la Universidad para la Paz en el campus de El Rodeo, con telescopios y acompañamiento especializado. La observación comenzará al atardecer con Venus y Mercurio, seguirá con Saturno y Neptuno mediante instrumentos ópticos, y se extenderá con Júpiter visible durante buena parte de la noche. La Luna gibosa completará el cuadro.


Durante esos dos días, los planetas se distribuirán de oeste a este siguiendo la eclíptica. Júpiter aparecerá alto en Géminis, Urano en Tauro, Saturno y Neptuno más bajos en el oeste, y finalmente Mercurio y Venus muy cerca del resplandor solar. Cuatro de ellos podrán verse a simple vista, mientras que Urano y Neptuno requerirán telescopio. Para maximizar la experiencia, se recomienda un sitio con horizonte oeste bajo y despejado, como zonas elevadas o cercanas al mar.

El uso de telescopio añade valor a estas observaciones. En Júpiter se aprecian con claridad las bandas atmosféricas y, en condiciones favorables, la Gran Mancha Roja. En Saturno, los anillos serán visibles casi de filo, una configuración poco común que aporta un atractivo adicional para observadores y aficionados.

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